viernes, 23 de septiembre de 2022

Mi gratitud...

Hay golpes tan profundos, devastadores e insoportables, que pareciera que todo brillo de esperanza se perdiera, (Lo sé), también he sido golpeada, recuerdo que en medio de cada golpe llegaba a pensar que Dios se olvidaba de mi, entonces ese dolor inundaba mi alma, permeando mi ser, apagándome y minimizando el poco amor propio que sentía, de repente estaba coleccionando heridas en mi corazón, cargado zanjas oscuras dentro de mi, no quería aceptar mis caídas porque ni siquiera tenía la capacidad de creer en mi. 

El engaño que solo sabe ofrecer el mundo me disparó justo en el centro, dio con mi blanco, pero lo más extraño de todo, era que seguía viva, (bueno, medio viva) me estaba convirtiendo en una versión hibrida de mi misma, incapaz de amar, sentir o anhelar, era tanta la depresión que llegaba a imaginar que un día muy cercano iba a morir, pero de qué?,  pues de pena o desamor... Creía las mentiras del mundo ingenuamente, me engañaba lentamente porque era más fácil reprimir mi dolor que despertar y darle una buena bofetada a la realidad.

Y es aquí, en el centro de mi caos, donde nace mi gratitud, de no ser por los golpes (de la vida) jamás hubiese aprendido a ser valiente, cada mentira me hizo reflexionar respecto a mi existencia y mi conexión con Dios, pude verme vacía de amor y muy inundada de tristezas, me volví valiente a la mala (en el buen sentido de la palabra), y deje de temer, deje de sentirme menos, de creer que no merecía nada bueno y que era una mujer que no valía lo suficiente para merecerme el Amor. 

Ahora, que volví a nacer, cada día de mi vida respiro misericordia y me siento afortunada de que sea así... Él me hace creer, me enseña su luz y su camino, Él me dio vida y me enseña cada día a amarle y a buscar su luz, siempre digo con orgullo, ME COMPRARON y nada más y nada menos que a precio de sangre, fui liberada, elegida y redimida, por un Dios soberano, un Dios que encendió mi lampara, que me acercó a ÉL con brazos de amor, el Amo que nunca antes conocí, Él me amó incluso antes de nacer, por eso agradezco la oportunidad de redimirme, no solo como creyente, sino como mujer, hija, amiga, hermana y esposa.