sábado, 8 de julio de 2017

Después de tu Muerte...

                                     
















Pasaron quizás 8 o 10 años para acepar que te habías ido, estaba huyendo de la idea de la que todos huyen casi siempre, (esa de morir), no quería verme cara a cara con esa ausencia tuya que me desboronaba, me negué tantas veces a imaginarme que después de tu muerte yo tenía que seguir aquí, hubo momentos de depresión donde le pedía a Dios que me dejara ir contigo, pero no, esos no eran los planes que el Señor tenía para mi y así fue como me resigné a lo que había... 

Y que había?... Un corazón roto. 

La muerte nos sacude intensamente cuando se lleva algo que consideramos es nuestro, nos sacude tanto que sientes como se forma cada grieta en tu corazón, se te reseca el alma de tristeza y cada lagrima nos ahoga en silencio, un silencio que solo nosotros entendemos y que aún así no podemos comprender, esto era lo que había, un corazón roto, todo ese drama había sido provocado por tu muerte, entonces fue fácil culpar a la muerte de mi dolor y peor aún, fue  todavía mas fácil decir, entonces yo también me quiero morir... 

Y no, morirse de pena moral es quizás una de tantas salidas, pero no, (no era la enseñanza), puede que sí, que haya estado muerta de tristeza unos cuantos años, pero cuando estás tan deteriorada por esa tristeza solo hay dos salidas, seguir así o despertar, en efecto desperté, abrí los ojos, me levante de mi rincón donde me sentaba a llorar, me abracé y me perdoné, porque por fin, pude reconocer que la muerte de mi único hermano me había trastornado emocional y psicológicamente, el corazón roto me pesaba demasiado y estaba cansada de todo eso, de lamentarme por algo que simplemente no tiene explicación... 

Nadie sabe de lo que esta hecho cuando la prueba llega y nadie experimenta una prueba sin un propósito en medio... Cuando por fin solté mi duelo, aprendí a refugiarme en Dios, aprendí a buscarlo y sobre todo a respetar su voluntad, entendí que de alguna manera había sido llamada a dar las gracias, más allá de las circunstancias de la muerte y si nos quiebra o no, hay una luz incandescente, una luz que nos llena de paz, una paz que nunca experimenté y al aferrarme a esa luz mi corazón se reparó, deje de sentir el peso de esa soledad y ahora solo podía decir GRACIAS, gracias por llamarme y redimirme, porque aun siendo yo una nada me sacaste del pozo amargo en el que me encontraba, Tú restauraste mi vida y me llenaste de esperanza, como no agradecer?

Siempre he creído que sin Dios no hay nada y si la muerte nos toca a través de un ser querido, cercano o lejano, es nuestro deber como hijos del Creador aceptarlo con Amor y buscar consuelo en ÉL, Dios dice que la carne muere, pero que sí estamos con ÉL, nuestra alma vivirá. Creo, desde lo más profundo de mi ser, que algún día, cuando me toque morir, voy a ir al cielo y allá me reuniré no solo con los que se fueron si no con mi Señor y ser consciente de eso llena de gratitud mi corazón. 

 Y todo el que vive y cree en mí 
no morirá jamás, ¿Crees esto?
Juan 11:26

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Agradezco tu opinión, esto me permite continuar desarrollando el contenido.